LA CAÍDA DE ALKAR
EL PRINCIPIO
Uno de los cuatro demonios se acercó demasiado al
Argedan, aquel mundo protegido por la luz. Alkar, el autor de los libros
prohibidos, pagó cara su osadía. La fuerza de los mortales lo arrastró sin
piedad. El ente de oscuridad pidió auxilio desesperado a sus hermanos, pero
ellos solo observaron desde el refugio de las tinieblas. El vigésimo sol, centinela
perpetuo del Argedan, apuntó sus rayos contra él. Alkar sufrió el dolor de la
agonía. Muy pronto iba a ser consumido por los destellos.
Sus libros
cayeron junto con él, perdiéndose en la tierra, el agua y el viento. El demonio
no se detuvo a buscarlos, pues su propia existencia corría peligro. Se arrastró
como una sombra, cada vez más débil, hasta que en un recién nacido encontró su
salvación.
LA CANCIÓN DE ALKAR
Los
demonios miran al Argedan,
Pero
no pueden acercarse porque el sol nos protege.
¿Qué
es lo que harán las criaturas perversas de oscuridad?
Baruj,
mentira.
Alkar,
guerra.
Iliseth,
pesadilla.
Órtice,
devora estrellas.
¿Qué
es lo que harán las criaturas perversas de oscuridad?
Alkar
no resistió la tentación y se acercó al Argedan.
Deslumbrado
por sus altas montañas y tibias lomas de arena.
Pero
la luz lo tomó por los cuernos
Y
con fuerza lo arrastró a un terrible final.
¿Qué
es lo que harán las criaturas perversas de oscuridad?
Sus
libros prohibidos perdidos están
Y
por encontrarlos cualquiera da más,
¡Alkar,
muere; Alkar, cae!
Pero
él resistió y un recién nacido fue su salvación.
Devoró
el alma dulce del infante,
Y
en él realizó su encarnación.
¿Qué
harán, qué harán, las criaturas perversas de oscuridad?
Sus
hermanos lo han abandonado.
Alkar,
el osado.
Alkar,
el demonio traicionado.
¿Qué
harás, qué harás, siendo un mortal en el Argedan?